En la diversidad está la riqueza


En el artículo de la Escuela Cooperativa El Puig de Esparreguerra (Barcelona), el Equipo de Infantil recoge cuál es la forma en la que organizan y agrupan a su alumnado y cuáles son los beneficios de su método. Pensando desde el primer momento de la entrada al edificio en cómo favorecer las relaciones entre alumnos, espacios y las docentes de educación infantil, optan por separar los grupos en las aulas por su edad cronológica. Sin embargo, se mantiene la conexión física y organizativa de algunas de las aulas. En primer lugar, los niños y niñas de cuatro y cinco años comparten espacios comunes como los rincones o el taller, a los que posteriormente se incorporan paulatinamente el alumnado de tres años. Con el tiempo el grupo va evolucionando en sus relaciones construyendo un proceso conjunto de crecimiento y aprendizaje en los cuales cada uno toma su propio papel y lo pone en práctica. 

Los educadores saben que la variedad de experiencias, sentimientos, reflexiones y preguntas, entre otros, son los que aportan riqueza a los aprendizajes. Al contrario de interpretar la diversidad como un inconveniente, debemos observar sus beneficios y puntos fuertes para así tomarla como un impulso hacia la evolución y mejora en la adquisición de multitud de capacidades y conocimientos enriquecedores por parte de los niños y niñas. Si añadimos a esta variable la diferencia de edad entre los individuos del grupo, se multiplican las posibilidades de la creación de situaciones de aprendizaje vivenciales enriquecedoras para cada uno de ellos. Se trata de un intercambio recíproco, en el que los más pequeños se benefician del aprendizaje por observación (vicario) de los que más saben, en este caso aquellos que les superan en edad; así como los mayores aplican y refuerzan sus conocimientos y habilidades, al mismo tiempo que demuestran delicadeza, ternura y su valía como acompañantes de los más inexpertos. 

Desde mi propia experiencia, he podido comprobar de forma directa los beneficios de este método durante mi estancia en el CRA Alto Nalón del municipio de Laviana, el cual ha sido el mismo centro en el que estuve escolarizada durante las etapas de Infantil y Primaria, por lo que también lo he vivido en primera persona. Destaca sobremanera el nivel de autonomía que se adquiere desde las primeras edades (3 años), que se multiplica a medida que avanza el tiempo, alcanzando un nivel excelente en el último curso del segundo ciclo de infantil (5 años). La capacidad de adaptación también es una característica realmente desarrollada y la convivencia es sorprendentemente gratificante. Sin duda los beneficios de este proceso supera con creces a las posibles dificultades. 

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